Nocturno, de Carlos Battilana / Obra de Ana Quittard

 

Obra de Ana Quittard


Nocturno

 

Liviano ante las ruinas de este jardín,

el aire

que atravesó ciudades y ríos

roza la superficie. ¿Qué 

fatiga, qué bellísima fatiga

nos disuelve?

 

En esta tarde de junio

de un cielo plomizo

dejo atrás lo que viví,

y el escaso margen que queda,

el frío

es

-sabemos-

una llama blanca

que encenderá una letra, una voz y

una caligrafía

con que se pueda escribir

eso que cada uno,

a su modo,

conoce:

 

que las horas y los días,

que las lluvias torrenciales

son apenas 

hechos pasajeros

 

que más allá

de sus destrozos,

los temporales pueden dotar de fuerza

a los seres

inmersos

en su estruendo

 

y que el olvido,

que todo lo arrasa

y todo lo ve,

no tiene fin

 

que, a pesar de todo,

las tempestades

pueden volverse benignas

como animales nocturnos

disolviéndose.


Carlos Battilana

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