Bandurrias, por Ana Quittard

 



Todos los días sucede algo
que por muy grande o pequeño
nos deja mudos.
Tampoco eso sería noticia
si no fuera que lo recortamos de las escenas del día.

Ver por la ventana una gran bandurria
que no está comiendo lombrices como todos los días.

Ella está cargando en su pico una larga y abundante rama.

La historia entonces la visualiza, anidando sobre el pino más alto.

Son grandes, pesadas las ramas que junta, bastante robustas en proporción.

El nido debe ser muy sólido y fuerte. Se deben tejer esas ramas hasta darle fortaleza.

Todo surge en un instante, comprender también que nunca se ha visto una bandurria bebé.
¿Por qué?

Nuestra historia dice que ellas solo bajan del nido cuando están aptas para defenderse y al
tener un tamaño considerable muchas veces se confunden con sus padres o hermanos.


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