Maestro Pujía
Muchos recuerdos se agolpan. Su figura peculiar en los talleres de La Belgrano, sus clases... Enseñaba aún con gestos, marcaba un gran círculo en el aire y allí determinaba muchas ideas que se "pescaban" también el el aire. ¡Un verdadero maestro!
Su paso por El Bolsón, con su taller de cera, nos nutrió de enseñanzas, de calidez, de sencillez, cariño y mucha motivación.
Momentos de amistad, cercanía, comunicación. Nos quisimos bien y junto a Levi Freizstav y Susana, su esposa, vivimos momentos muy agradables y reales.
Hoy permanece su obra y se magnifica su figura, se hace enorme y múltiple, se reparte en cada corazón que lo vivió.
Gracias Antonio por ser ejemplo de entrega, enamoramiento al arte, pasión mesurada, palabra siempre dispuesta a "dar", nunca callada o apocada , siempre abierta como tu noble corazón.
Ana Quittard, 2018



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